Paceville, la norma más flexible de la isla
En las discotecas de la calle principal la ropa casi nunca es motivo de rechazo. Se entra en pantalón corto, camiseta y zapatillas, y en verano es incluso la norma porque hace treinta grados a medianoche. Lo que sí frena: las chanclas en algunos locales, el torso desnudo siempre, y todo lo que parezca un grupo visiblemente pasado de vueltas, que no tiene nada que ver con la ropa.
Las azoteas y las discotecas de gama alta
Aquí es donde se aprieta. El TwentyTwo, en la planta veintidós de la Portomaso Tower, aplica vestimenta elegante y lo dice: nada de pantalón corto, chanclas ni gorra. Las demás azoteas son más flexibles pero siguen por encima del listón de Paceville. La regla práctica: si el sitio pone las vistas en el centro de su comunicación, vístete.
Las pool parties, el caso especial
Se va en bañador, evidentemente, pero hace falta algo para irse. Muchos grupos encadenan una pool party de atardecer con una discoteca a medianoche, y llegar en bañador a la puerta de una discoteca no funciona en ningún sitio. Una camisa, un pantalón corto seco y zapatos cerrados en la mochila lo resuelven y ahorran un viaje de ida y vuelta al apartamento.
Los casinos, los más estrictos
Smart casual aplicado, y es el único sitio de la isla donde te dan la vuelta por un par de chanclas. Nada de pantalón corto, bañador ni gorra: camisa o polo y zapatos cerrados. El Dragonara es el más riguroso de los cuatro. Conviene saberlo cuando encadenas un día de playa con una parada en el casino a primera hora de la noche.
Las fiestas temáticas
Una White Party significa blanco, y el código se respeta de verdad: llegar de color es perderse aquello a lo que has ido. La misma lógica para cualquier noche con código anunciado. No son normas de seguridad sino reglas del juego, y forman parte del ambiente. Preparad la ropa antes de viajar: el blanco no se encuentra fácilmente en Paceville un martes por la tarde.
Lo que cuenta más que la ropa
La edad y el documento. Las discotecas de Paceville admiten desde los diecisiete años, pero los casinos exigen dieciocho y controlan siempre. Y la embriaguez visible hace que te nieguen la entrada mucho más a menudo que unas zapatillas. Un grupo tranquilo y lúcido entra en todas partes, lleve lo que lleve.
